La agonía del monte chaqueño

El gobierno de Chaco continúa matando el bosque en El Impenetrable. Con esa acostumbrada impunidad de las provincias desmontadoras, desobedece el fallo de la Sala Primera de la Cámara en lo Contencioso Administrativo que resolvió en noviembre ordenar “la inmediata suspensión de todo permiso y/o autorización de cambio de uso de suelo en cualquier estado de ejecución en que se encuentre”.

Desde esa suspensión que no suspendió nada, están devorando sin ningún remordimiento moral ni penal, el hábitat de los casi extintos yaguaretés chaqueños, perforando el único corredor biológico que allá les quedaba.

En los seis meses que pasaron desde de esa resolución Greenpeace detectó, a través del monitoreo de imágenes satelitales, la deforestación de 7.811 hectáreas; algarrobos, quebrachos, osos hormigueros, corzuelas, quimileros, tortugas y demás miembros de nuestra biodiversidad, que estos “empresarios” se cargaron con la complicidad de las autoridades que no ven lo que no les conviene. Sus crímenes están a la vista de todos, no sólo de los satélites que los fotografían.

La deforestación ilegal en Chaco dejó más de 50 mil hectáreas arrasadas

Antes de esto, 12.500 hectáreas de monte habían sido eliminadas mediante recategorizaciones prediales otorgadas por el gobierno de Chaco, a simple solicitud del titular de la finca, que modificaron la zonificación establecida en el Ordenamiento Territorial (OTBN). y permitieron destruir bosques nativos que habían sido clasificados en la Categoría II – Amarillo (donde está expresamente prohibido hacerlo). Esto empobreció aún más la conectividad que quedaba y permitió que las topadoras lleguen hasta el borde del Parque Nacional Copo.

Así como miles de chaqueños firman diariamente por un Chaco libre de desmontes, miles de hectáreas de bosques sucumben a las cadenas y al fuego sin fin, sin descanso. El bosque no es infinito, ni siquiera tiene tiempo de ser resiliente.

Según datos del Ministerio de Ambiente de la Nación, Chaco fue la provincia con mayor pérdida de bosques nativos entre 2016 y 2019, con 130.487 hectáreas deforestadas. Asimismo, el monitoreo satelital de Greenpeace detectó que, a pesar de las restricciones impuestas por la pandemia de COVID-19, durante 2020 en la provincia se perdieron 13.128 hectáreas de bosques.

¿Cuántas veces es necesario decir “Basta de desmontes”?

Mientras se pondera hacia el mundo el valor de El Impenetrable y se anuncia la necesidad de poner fin a los desmontes, a Jorge Milton Capitanich poco le importa, en tanto esto no se traduzca en hechos que le obliguen a frenar la deforestación.

Las máquinas avanzan con dientes afilados, sin respetar ningún criterio, tal vez apuradas ante esos anuncios, tal vez por el actual requerimiento legal, o sólo una vez más, por ambición desprovista de compasión.

El Impenetrable y varias especies autóctonas en peligro

Ahora, en el inicio del proceso de actualización del Ordenamiento Territorial, desde el gobierno provincial intentan presentar propuestas a las apuradas, olvidando que este proceso debe ser objetivamente progresivo hacia la conservación del bosque y realmente participativo, algo imposible en medio de la pandemia, donde los únicos que se movilizan son los empresarios bajo máscaras de asesores, en complicidad con funcionarios, para sustentar el desmonte. Los bosques no son bienes intercambiables y los que fueron desmontados ilegalmente, deben ser restaurados.

La actual emergencia climática y sanitaria en la que nos encontramos inmersos nos demuestra que continuar con la deforestación sólo aumentará las posibilidades de que empeore nuestra subsistencia.

Ser quienes destruyeron los últimos bosques, deberá pesarles tanto como las cadenas que hoy voltean de cuajo los centenarios quebrachos y apisonan las tortugas y los pecaríes a su paso.

Los desmontes son un crimen y deben ser prohibidos ya, antes de que no se pueda hacer nada más. No hay tiempo ni bosque que perder.

Fuente: perfil.com